El esguince de tobillo es una de las lesiones más frecuentes tanto en deportistas como en personas que simplemente sufren un mal apoyo al caminar. En la mayoría de los casos evoluciona favorablemente con un tratamiento adecuado. Sin embargo, hasta un 30-40 % de los pacientes pueden seguir presentando dolor, inflamación o sensación de inestabilidad meses después de la lesión. Como cirujano especializado en pie y tobillo en Sevilla, una de las situaciones que veo con más frecuencia en consulta es la de pacientes que escuchan frases como: “es un esguince, ya se pasará”, cuando en realidad existe una lesión que nunca llegó a diagnosticarse correctamente.
Si el tobillo continúa doliendo semanas o meses después del esguince, conviene estudiar la causa y no resignarse a convivir con el dolor.
¿Es normal que un esguince siga doliendo?
Depende del tiempo transcurrido y de la gravedad de la lesión. Un esguince leve puede producir molestias durante varias semanas, especialmente al caminar por terrenos irregulares o al realizar deporte. Sin embargo, no es normal que aparezcan:
– Dolor intenso después de varias semanas.
– Inflamación persistente.
– Sensación de que el tobillo “se dobla” continuamente.
– Dolor localizado en un punto concreto.
– Bloqueos articulares.
– Incapacidad para volver a la actividad física habitual.
Cuando estos síntomas persisten más allá de las primeras semanas, es recomendable realizar una valoración especializada.
¿Por qué sigue doliendo el tobillo después de un esguince?
El dolor persistente puede tener múltiples causas. En ocasiones no se trata del ligamento lesionado inicialmente, sino de lesiones asociadas que pasaron desapercibidas.
El ligamento no ha cicatrizado correctamente. La causa más frecuente es una cicatrización insuficiente o exuberante del ligamento lateral externo. Cuando el ligamento pierde su capacidad para estabilizar el tobillo aparece la denominada inestabilidad crónica de tobillo.
Lesión del cartílago (lesión osteocondral del astrágalo). Durante el traumatismo puede dañarse el cartílago que recubre el astrágalo. Estas lesiones suelen pasar desapercibidas en las radiografías iniciales. La resonancia magnética suele ser la prueba que confirma el diagnóstico.
Lesión de los tendones peroneos. Los tendones peroneos estabilizan el tobillo durante la marcha y la práctica deportiva. El paciente suele notar dolor detrás de la cara lateral
del tobillo hasta la pierna y puede tener molestias al caminar sobre superficies irregulares.
Pinzamiento del tobillo. Tras el proceso inflamatorio pueden formarse cicatrices o tejido inflamatorio que queda atrapado durante el movimiento. Este problema recibe el nombre
de pinzamiento anterior o anterolateral del tobillo.
Fracturas ocultas. No todas las fracturas son evidentes en la radiografía inicial. Algunas pequeñas fracturas pueden confundirse con un esguince. Por eso, cuando el dolor no
evoluciona como esperamos, puede ser necesario ampliar el estudio mediante TAC o resonancia.
Lesión de la sindesmosis. El llamado esguince de tobillo alto afecta a los ligamentos que unen la tibia y el peroné. Aunque es menos frecuente, suele requerir un tratamiento
diferente y una recuperación más prolongada.
Dolor por sobrecarga durante la recuperación. En ocasiones el ligamento ha cicatrizado correctamente, pero el paciente presenta pérdida de fuerza o déficit de equilibrio. Estas alteraciones favorecen que aparezca dolor incluso cuando la lesión inicial ya ha curado.

Cuando hay que acudir al especialista
Es recomendable consultar con un especialista en pie y tobillo cuando:
El dolor persiste más de 6-8 semanas.
El tobillo continúa inflamado.
Se producen nuevos esguinces.
Existe sensación de inestabilidad.
No es posible volver al deporte.
El dolor despierta por la noche.
Hay bloqueos o chasquidos frecuentes.
Una exploración específica permite identificar lesiones que pueden pasar desapercibidas en una valoración inicial.
Tratamiento del dolor tras un esguince de tobillo
El tratamiento dependerá siempre de la causa del dolor. Ya que no existe una solución única para todos los pacientes. Se pueden iniciar tratamientos conservadores, que pueden incluir antiinflamatorios y analgésicos, siempre bajo supervisión médica.
Rehabilitación especializada. Una rehabilitación correctamente dirigida reduce significativamente el riesgo de nuevos esguinces y ayuda a la recuperación del rango de movimiento y al fortalecimiento muscular.
Plantillas personalizadas
En determinados pacientes con alteraciones biomecánicas, las plantillas ayudan a mejorar el apoyo y disminuir la sobrecarga del tobillo.
Tratamientos biológicos
En algunos casos pueden valorarse terapias como el plasma rico en plaquetas (PRP) para favorecer la recuperación de determinadas lesiones tendinosas o ligamentarias. Su indicación debe individualizarse según el tipo de lesión y la evidencia científica disponible.
Tratamiento quirúrgico
Gracias a las técnicas actuales, muchas de estas cirugías pueden realizarse mediante procedimientos mínimamente invasivos o artroscópicos, favoreciendo una recuperación más rápida. Las intervenciones más habituales incluyen:
Reconstrucción de ligamentos.
Artroscopia de tobillo.
Reparación de tendones.
Tratamiento de lesiones osteocondrales.
Corrección de inestabilidad crónica.
Aunque un esguince de tobillo suele evolucionar favorablemente, el dolor persistente nunca debe normalizarse. Cuando las molestias continúan durante semanas o meses, es fundamental identificar la causa para evitar que la lesión se convierta en un problema crónico. Una valoración por un especialista en cirugía de pie y tobillo permite realizar un diagnóstico preciso y establecer el tratamiento más adecuado, ya sea mediante rehabilitación específica, tratamientos conservadores o, en casos seleccionados, cirugía.
A veces los pacientes con hiperlaxitud no son buenos candidatos a la cirugía inicialmente. La mayoría de los pacientes recuperan una vida activa cuando reciben un tratamiento adaptado a la verdadera causa de su dolor.
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